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La necesidad sacó a flote su creatividad

agosto 28th, 2017 | by Maximo Reynoso
La necesidad sacó a flote su creatividad
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En lo profundo del barrio Los Guandules de esta capital, donde abunda la pobreza y la ocurrencia de actos delictivos, se encuentra la pequeña empresa “Carolina”, una entidad que surgió de la necesidad de un hombre que se sentía “entre la espada y la pared” por no tener dinero, y que se ha convertido en el sustento de varias familias de esa localidad.

Hace 12 años Secundino Rincón se sentía “acorralado”. Solo tenía RD$9,000 en sus bolsillos después de haber gastado miles de pesos para atender a su madre que estaba enferma. Entre la intranquilidad que tenía, un simple recordatorio de su esposa activó su creatividad para comenzar a generar dinero, cuando le dijo: “hay que comprar un suape”.

Ante el pedido de su esposa y todavía con la preocupación de que tenía que cubrir todos los gastos familiares con los RD$9,000 que le quedaron, a Secundino Rincón, de 57 años, se le ocurrió la idea de invertir ese dinero en materiales para hacer suapes, y cuando ese pensamiento se hizo realidad, inmediatamente comenzaron a llegar los clientes.

“Cuando mi esposa me dice que no hay suape, comienzo a mirar por la casa y veo que hay tres suapes viejos, uno se usaba en la sala, otro en el baño y el último en la cocina. Lo único que pensé que si era tan pobrecito y en mi casa había tres suapes, eso era un gran negocio y rápidamente compré con los RD$9,000 los materiales para hacer trapeadores”, manifiesta Rincón.

Precisa que no puso un colmado porque sus cuatro hijos, que en ese momento estaban en la niñez y adolescencia “iban a acabar con todo en dos días y el suape no se lo iban a comer”.

Desde que compró los materiales para hacer trapeadores, que son algodón, palo, clavos, alambre y funda, comenzaron sus vecinos y otras personas de Los Guandules a llegar a su casa para comprarle.

En su negocio, que ya tiene dos niveles y continúa avanzando, se observa la división en el piso del primer nivel de que había una pared, y fue precisamente en ese pequeño lugar donde empezó su empresa que hace poco registró bajo el nombre de Carolina.

“Cuando venían tres personas, dos tenían que esperar afuera, porque no cabíamos todos, hasta que gracias a Dios fuimos creciendo. Compré más espacio, echamos plato, y compre una máquina para enrollar el papel”, manifiesta.

Al inicio quienes ayudaban a Secundino eran dos de sus hijos, uno atendía durante la mañana y el otro en la tarde.

La aceptación fue tanta que con las ganancias que tuvieron el primer año tuvo la posibilidad de comprar el solar detrás de su negocio para ampliarlo.

“Nosotros comprábamos muchos materiales hoy y al otro día teníamos que ir a comprar otra vez, porque los clientes eran muchos”, puntualiza.

La necesidad sacó a flote su creatividad En lo profundo del barrio Los Guandules de esta capital, donde abunda la pobreza y la ocurrencia de actos delictivos, se encuentra la pequeña empresa “Carolina”, una entidad que surgió de la necesidad de un hombre que se sentía “entre la espada y la pared” por no tener dinero, y que se ha convertido en el sustento de varias familias de esa localidad. Hace 12 años Secundino Rincón se sentía “acorralado”. Solo tenía RD$9,000 en sus bolsillos después de haber gastado miles de pesos para atender a su madre que estaba enferma. Entre la intranquilidad que tenía, un simple recordatorio de su esposa activó su creatividad para comenzar a generar dinero, cuando le dijo: “hay que comprar un suape”. Ante el pedido de su esposa y todavía con la preocupación de que tenía que cubrir todos los gastos familiares con los RD$9,000 que le quedaron, a Secundino Rincón, de 57 años, se le ocurrió la idea de invertir ese dinero en materiales para hacer suapes, y cuando ese pensamiento se hizo realidad, inmediatamente comenzaron a llegar los clientes. “Cuando mi esposa me dice que no hay suape, comienzo a mirar por la casa y veo que hay tres suapes viejos, uno se usaba en la sala, otro en el baño y el último en la cocina. Lo único que pensé que si era tan pobrecito y en mi casa había tres suapes, eso era un gran negocio y rápidamente compré con los RD$9,000 los materiales para hacer trapeadores”, manifiesta Rincón. Precisa que no puso un colmado porque sus cuatro hijos, que en ese momento estaban en la niñez y adolescencia “iban a acabar con todo en dos días y el suape no se lo iban a comer”. Desde que compró los materiales para hacer trapeadores, que son algodón, palo, clavos, alambre y funda, comenzaron sus vecinos y otras personas de Los Guandules a llegar a su casa para comprarle. En su negocio, que ya tiene dos niveles y continúa avanzando, se observa la división en el piso del primer nivel de que había una pared, y fue precisamente en ese pequeño lugar donde empezó su empresa que hace poco registró bajo el nombre de Carolina. “Cuando venían tres personas, dos tenían que esperar afuera, porque no cabíamos todos, hasta que gracias a Dios fuimos creciendo. Compré más espacio, echamos plato, y compre una máquina para enrollar el papel”, manifiesta. Al inicio quienes ayudaban a Secundino eran dos de sus hijos, uno atendía durante la mañana y el otro en la tarde. La aceptación fue tanta que con las ganancias que tuvieron el primer año tuvo la posibilidad de comprar el solar detrás de su negocio para ampliarlo. “Nosotros comprábamos muchos materiales hoy y al otro día teníamos que ir a comprar otra vez, porque los clientes eran muchos”, puntualiza.

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